La oncología pediátrica en España continúa dando pasos significativos en sus tasas de curación, situando la supervivencia global a cinco años en un 83,9% para la cohorte analizada entre 2015 y 2018. Sin embargo, la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (SEHOP) advierte de que estos avances no son homogéneos y urge a corregir las diferencias asistenciales que persisten según el tipo de patología y la comunidad autónoma de residencia.

Tal como traslada la Dra. Adela Cañete Nieto, presidenta de la SEHOP y de su fundación (FSEHOP), mientras ciertas neoplasias infantiles logran cifras de curación por encima del 95%, otros subtipos presentan un pronóstico considerablemente más complejo. A este reto clínico se suma la fragmentación en la gestión dentro del sistema nacional de salud, lo que dificulta un avance coordinado en todo el país.

Prioridades asistenciales y medicina personalizada

Entre las áreas de mayor preocupación expuestas por la sociedad científica destacan:

En el ámbito del diagnóstico molecular, la SEHOP promueve la medicina personalizada a través del proyecto SEHOP-PENCIL, enfocado en integrar biomarcadores predictivos, secuenciación genética y biopsia líquida en los centros de la red pública. En patologías de alta prevalencia como la leucemia linfoblástica aguda, los especialistas reclaman garantizar la financiación de los laboratorios de referencia para técnicas críticas como la PCR-clonoespecífica, fundamental para modular la intensidad de las terapias en tiempo real.

El papel del RETI-SEHOP y los ensayos clínicos

La investigación colaborativa y el trabajo en red constituyen los pilares del progreso frente al cáncer infantil. Estructuras como el Registro Español de Tumores Infantiles (RETI-SEHOP) permiten monitorizar con rigor la incidencia y la supervivencia año a año en todo el territorio.

De forma paralela, la plataforma ECLIM-SEHOP ha permitido activar 29 ensayos clínicos de alcance internacional, sumando 762 pacientes incluidos hasta mediados de 2025. La entidad subraya que mantener estas herramientas y reforzar la colaboración con administraciones sanitarias y asociaciones familiares es indispensable para lograr el objetivo común: alcanzar la curación minimizando al máximo las secuelas en niños y jóvenes.